Una vez más

“Tienes que despertar, vamos, despierta” 
El sobresalto despertó a Clara, abrió los ojos y automático se sentó en la cama. Necesitaba parpadear pero no quería, su respiración aún agitada retumbaba en la habitación; pestañó solo por dos segundos, suficiente para recordar y revivirlo todo una vez más. 
Con en recuerdo revoloteando en su cabeza, Clara comenzó a actuar de manera automática, otro día, misma rutina.  Prendió la lampara de su mesita de noche, se puso los anteojos y caminó al baño, era la tercera vez en la semana que tenía el mismo sueño.
El bosque la rodeaba, la brisa era fresca y los pájaros revoloteaban a su alrededor, de pronto se percató que alguien la había estado observando desde hacía un largo rato… lentamente la mirada cobró vida y podía empezar a apreciar aquellos ojos fuertes y penetrantes que emergían lentamente de los arbustos. Clara sabía perfectamente que pertenecían al predador y que ella era la presa… Un lobo pardo (gris y blanco) de dientes brillantes se le acercaba.
El bosque comenzó a oscurecer, ya no habían pájaros cantando solo murmullos,(¿De quiénes? ¿De dónde? las dudas sin responder la atormentaban y la hacían sentir totalmente vulnerable) aquellas voces cuchicheantes andaban en círculos y pasaron de ser murmullos burlones a gritos y carcajadas. En su mente se sentía como una pequeña solitaria en el ojo de un huracán.
Clara comenzó a hundirse en el fango lentamente, el lobo estaba ya a unos cuantos centímetros de su mano y antes de hacer el ansiado contacto, escuchó dentro de su cabeza una voz grave y profunda que decía “Tienes que despertar”; en aquel instante en que las palabras fueron pronunciadas, sintió un tirón en las entrañas (como cuando crees que caes al vacío) pero pronto se dio cuenta que no estaba cayendo, se estaba hundiendo. ¿Cómo lo supo? fácil pues comenzó a sentir aquel ardor en la nariz por respirar cloro y a los pocos segundos pudo escuchar el chapotear del agua. No tardó mucho tampoco en descubrir que era aquella piscina comunitaria de cuando era niña (aquella en la que después del colegio frecuentaba con sus amigos) los colores eran brillantes y se podía sentir el calor que producía el sol, pero aquel no era un episodio feliz como aquellos momentos de su infancia, sino todo lo contrario pues estaba agonizando, en una lucha eterna, tratando con todas sus fuerzas de salir a flote. En su último intento por salir del agua vio el rostro de su hermana diciendo “Tienes que despertar, vamos, despierta.”
Allí estaba, sentada en la taza del baño con la vista perdida, terminó de orinar empezó a cobrar conciencia de sí, se lavó la cara tratando de enjuagar el recuerdo también y finalmente pudo hacer aquella pesadilla a un lado. Al dirigirse a su habitación noto que emergían los primeros rayos del sol ¿Qué objeto tenía volverse a acostar? Puso la tetera y se preparó un té, se sentó en la ventana y contemplo el nacimiento del día, esperando que aquellos rayos de luz le trajeran respuestas o al menos un poco de calma.



CAPITULO I
Luna de lobo
Dingdong. Sonó el timbre que rompió el silencio de aquella casa. Clara no lo escucho. Dingdongdingdong. retumbó nuevamente aquel timbre. 
Era un día precioso, calorcito rico y una brisita risueña, allá arriba,  un bello mar azul celeste, salpicado con traviesas bolitas de algodón.
Aquella chica de cabellos castaños y piel cobre, con sus ojos felinos de tono esmeralda parecía parte del paisaje, puesta allí con mucho cuidado, frente aquella casona con olor a roble y fachada campirana. Sin duda el inmueble más bonito de la cuadra.  Aquella escena era parte de uno de esos bonitos cuadros que se nos regala día a día pero pasan inadvertidos. 
Como cada tercer día Melissa había llegado a la hora precisa. Le gustaba ser puntual y por lo tanto no era muy paciente. Había tocado el timbre ya nos veces y no había ni una señal de que alguien fuese a abrir, hacía mover su pierna derecha, mostrando su impaciencia trataba de concentrarse en su goma de mascar pero las largas esperas le hacían volar la cabeza.
- ¡Ay! Ya, a la chingada.- Dijo para  sí y comenzó a golpear la puerta toctoc toctoc toctoc toctoc   toctoc- ¡Clara! ¡Clara abre la puta puerta o me brinco por la ventana!
Dentro de la casa, Clara estaba sentada en la ventana de la cocina, con los ojos cerrados, saboreando aquellas notas del nocturno 2 de Chopin. -Mmm- suspiró pues la música le daba una rica combinación de dulce de leche y caramelo deshaciéndose en su boca.
¡Clara!- escuchó la voz como un eco, ¿su imaginación tal vez? No. recordó - ¡Melissa!- exclamó y volviendo a tierra una vez más se apresuró a la puerta. Al abrirla no había nadie así que giró su cabeza a la derecha y vio como la joven la saludaba, con un pie dentro de la ventana y en posición lista para brincar.
-Querida, ¿Podrías hacerme el favor de entrar por la puerta aún no quito tu huellas de la última vez?- exclamó Clara con tono irónico
-¿Ahora yo soy la loca? No mames. Sabes que yo no me ando con juegos, y si vine a verte, voy a verte quieras o no- dio un brinco y terminó de entrar
Clara cerró la puerta, se ajustó la bata y caminó con calma a la salita en dónde Melissa ya se había instalado.
-Te ves terrible –  dijo  Melissa en tono burlón pero con preocupación 
-Gracias, agradezco el cumplido y tú deberías aprender a usar puertas - contestó
-Mnta, no te pongas en ese plan,  sabes bien lo que quiero decir tonta, eres mi hermana y me preocupas. ¿Otra vez la misma pesadilla?- 
-En efecto. Desde hace un tiempo no para de darme vueltas la cabeza- suspiró Clara – Sigo sin poder concentrarme y aún no termino el informe pendiente, tengo que trabajar.
-Clara… tienes que regresar- suplicó Melissa
El molesto sabor a salmuera inundó su boca y respondió con un poco de enfado -Se que eres bien intencionada pero por favor, deja que yo me encargue de mis asuntos-
-Es verdad, vivir en la depresión es muy divertido- sentenció Melissa con sarcasmo. 
-Sé que hay algo malo en mi pero no lo puedo remediar, disculpa si fui un poco inoportuna y llegue así sin avisar, simplemente no sabía a quién recurrir, no sé qué hacer, sin importar cuanto me esfuerce esta maldición no se acaba.-las palabras eran ácidas y dicho esto Clara se soltó a llorar. 
Ana, su terapeuta tampoco sabía que hacer pero en ese momento no le pareció poco profesional de su parte decirlo. Así que solo se acercó y extendió los brazos dando el primer abrazo a uno de sus pacientes aunque fuese contra las reglas en ese momento parecía lo más correcto. 
Después de un par de minutos cuando el llanto bajó en su intensidad, Clara se apartó y secó su lagrimas un poco. 
-Disculpa que me hayas visto, me dejé llevar un poco-  Incluso en los peores momentos Clara no perdía del todo la compostura y trataba de ser lo más correcta posible.
-No tienes por qué pedir perdón, me alegra que hayas regresado- contestó Ana
-Meli me convenció,  porque simplemente que no puedo cerrar los ojos porque las pesadillas me persiguen, y al despertar me doy cuenta que no soy capaz de…- 
-Será mejor que pases y me relates todo con calma- 
Clara pasó con un andar aún más tembloroso que antes, La habitación no era muy grande pero se percibía amplia quizá por la buena iluminación y el juego de colores claros,  Estaba llena de libros y diplomas,  aquel diván tan cliché y un escritorio con una silla hacia la pared y dos de frente como cualquier consultorio sin embargo no se sentía como cualquier otro consultorio, Clara se sentía en casa, sentía el sabor de té limón dulce y relajante.  
Clara tomo asiento en una de las sillas frente al escritorio, como siempre con su pose erguida, tratando de secarse las lágrimas y simular que nada había pasado.
-Ha pasado mucho tiempo desde tu última consulta tendremos que comenzar otra vez para poder trabajar poco a poco, puede parecer tedioso al principio pero es la forma más efectiva, ahora Clara cuéntame ¿Por qué estás aquí?
-Melissa me ha convencido en venir- Contestó un tanto dudosa -Pero estoy aquí porque, porque, porque… bueno no lo sé exactamente- 
-Esta bien, es un comienzo.- Dijo Ana mientras que se acomodaba las gafas y comenzaba anotar en su libreta. 
El reloj se congeló y por el resto de la sesión la sensación en el aire era tan pesada y densa que podría ser neblina. Cuando salió del edificio donde estaba al consultorio miró al cielo, tal vez buscando el ultimo rayito de sol o tal vez un rayito esperanza, encendió un cigarrillo y caminó hasta la parada el autobús, era de noche pero tenía que llevar su etnografía a la oficina o perdería el trabajo y simplemente no podía permitírselo. 
A las 20:00 horas llegó, sacó el sobre amarillo un poco maltratado y lo entregó a la correspondencia interna, estaría en el escritorio de su jefa a la mañana siguiente y hasta entonces no estaría  tranquila pero ¿Qué otra cosa podría hacer si no esperar?. 
Llamó a su hermana que no vivía muy lejos de allí pues a Melissa siempre le había gustado estar cerca del centro de la ciudad, decía que “era más emocionante pues tenía un montones de lugares cerca para pasar el rato” quedaron de verse en un café al aire libre, esos que abundan en la plaza central, ideales para pasar un buen rato mirando al jardín y la fuente, escuchando a uno que otro músico callejo,  Clara esperaba a Melissa en el lugar y observaba a la gente que paseaba por la plaza subió la vista al cielo y escuchó el aullar de un lobo, se quedó fría y volvió a recordar aquel mal sueño, ¿Habría sido su imaginación? Estaba segura de que algo iba a pasar, su cuerpo dio un respingo cuando llego Meli y le tocó el hombro
“…lentamente la mirada cobró vida y podía empezar a apreciar aquellos ojos fuertes y penetrantes que emergían lentamente de los arbustos. Clara sabía perfectamente que pertenecían al predador y que ella era la presa…”
-Jajaja ¿Te espanté? Así has de tener la concien… cia…- El color bronceado pronto abandonó su piel y quedó pálida al voltear la vista en dirección de dónde miraba Clara…
De entre los arbustos que decoraban el jardín continuo a la plaza había salido un loco con ojos de fiera y se había abalanzado sobre una pequeña que saboreaba un algodón de azúcar a un lado de su madre que atendía una llamada, todo pasó en cuestión de segundos. El hombre comenzó a morder a la niña
-¡POLICÍA, AYUDA POLICÍA!- Gritó Melissa y aquel bullicio de las personas que pasaban se calló, el tiempo quedó estático por aquellos sufribles segundos. 
La madre tiraba de su hija y con ayuda de una pareja joven que detuvo al demente lograron quitarle a la niña de la boca, un par de uniformados llegaron y subieron al agresor al auto patrulla. Clara que había estado inmóvil mirando sin perder detalle estaba en shock… Melissa conteniendo el llanto la abrazó y le besó la cabeza.
La luna de aquel veinte de enero brillaba con mucha intensidad y Clara con la mirada al cielo susurró
-¡Licántropo! Meli yo sabía que pasaría…-
CAPITULO II
Luna de nieve

Pasó poco más de un año antes de que se volviera a tocar el tema, y es que bueno ¿Quien la culparia? Nunca es grato hablar de lo que ha salido mal. Y Clara era la ansiedad hecha persona. 
Melisa estaba sentada al filo de la ventana, El frio quemaba sus mejillas dandoles más color del usual, saboreaba ese toque de humedad que deja el caer de la noche, una lagrima rodó y ni siquiera supo el porque, pero al pasar su mano para quitarla inmediatamente tuvo esa sensación en el estómago, esa que tenía cada que recordaba a su padre, se sentía como una niña descobijada cada que pensaba en ello así que procuraba no hacerlo. Sus pies descalzos comenzaban a doler y la oscuridad comenzaba a penetrar era una noche nubosa y espesa apenas y se veía el halo de la luna. Pensó en ir por un té y calentarse, su padre odiaba el té. Pensó en ir por un par de calcetines su padre solia regañarla cuando la v5eia descalza, la protegía del frio y le ponía sus chamarras. Pensó en salir a regar el jardín antes de dormir, su padre amaba las plantas sin flor, de hoja ancha. Pensó mil cosas en un corto momento sin embargo ni siquiera se movió. Su mente activa y su cuerpo pasivo, comenzó a sentir que el tiempo corría, se escapaba y ella no hacía nada sentía como aquello se le iba de las manos, sin embargó no reaccionaba. 
Estuvo alli un corta eternidad hasta que entro Clara. 
-Querida ¿Quieres pan y café? 
¿Cafe? 
-Eso dije. 
-Ah, si en seguida no tardo. 
Sacudió su cabeza y se toco la nariz como lo hacía siempre antes de estirarse y se acomodó el overol. La duela estaba un poco menos fria de lo que habían imaginado sus pies colgando. 

A lo lejos un perro comenzó a ladrar, y le siguieron otro mas a coro como si supieran bien lo que estaba apunto de pasar. Platos y vasos cayeron al piso y Melissa corrió a la cosina 
-¿Estas bien? ¿Que ha pasado? 
Miro al suelo y encontró a clara tocándose las sienes de rodillas ante la vajilla caída
-Estoy bien es solo que...
¿Que pasa dime que me pones nerviosa
Licántropo 
Te mamas, no estoy bromeando 
Es cierto, es una tontería tal vez, es sólo que senti aquello que sentí cuando tomamos el cafe en la plaza y aquella niña... Tu sabes
Con una chingada, no sé, no sé nada porque tú nunca has querido hablar. 


Continuara...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Comparte tu opinion